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Que es la masonería:

La Francmasonería o Masonería es conocida en la sociedad contemporánea como una asociación secreta de personas que profesan principios de fraternidad mutua, usan emblemas y signos especiales y se agrupan en entidades llamadas logias. La descripción es bastante escueta e imprecisa. Mucho más interesante es la definición que la Masonería se hace de sí misma en su Declaración de Principios y que dice lo siguiente:
La Francmasonería es una institución universal, esencialmente ética, filosófica e iniciática, cuya estructura fundamental la constituye un sistema educativo, tradicional y simbólico. Se ingresa a ella por medio de la Iniciación. Fundada en el sentimiento de la Fraternidad, constituye el centro de unión para los hombres de espíritu libre de todas las razas, nacionalidades y credos.

Como institución docente tiene por objeto el perfeccionamiento del hombre en el medio en que vive y convive y de la humanidad. Promueve entre sus adeptos la búsqueda incesante de la verdad, el conocimiento de sí mismo y del hombre, para alcanzar la fraternidad universal del género humano. A través de sus miembros proyecta sobre la sociedad humana la acción bienhechora de los valores e ideales que sustenta.
No es una secta ni es un partido. Exalta la virtud de la tolerancia y rechaza toda afirmación dogmática y todo fanatismo. Aleja de sus templos o talleres las discusiones de política partidista y de todo sectarismo religioso.
Propugna los postulados de Libertad, Igualdad y Fraternidad y, en consecuencia, promueve la justicia social, combate los privilegios y la intolerancia.

La Masonería no es una sociedad secreta. Sus dirigentes y sus direcciones son de conocimiento público. Mantiene ciertas reservas como lo hacen muchas otras instituciones.
Puede ingresar a la Masonería todo hombre libre y de buenas costumbres. Se puede postular al ingreso sólo a través de un miembro de la institución, que lo patrocine.

ORÍGENES Y RASGOS HISTÓRICOS DE LA MASONERÍA

La historia de la Francmasonería está sumida en las brumas del pasado de la humanidad. Se pueden, de todos modos, reconocer dos raíces: una esotérica, que viene de los antiguos misterios iniciáticos egipcios y griegos, y otra pragmática que nos llega de los masones operativos, es decir de los constructores de las grandes catedrales de la Edad Media (Siglos V-XV).

Cerca del sitio de cada construcción se erigía una pequeña casa provisoria que servía de lugar de trabajo para trazar los planos y realizar las tareas administrativas y, también, para que los obreros vivieran allí. Esas casas se llamaban logias, nombre que se ha mantenido y designa ahora el lugar de reunión y, también, al conjunto de sus miembros.

El Renacimiento (Siglos XV y XVI) y la Ilustración (Siglo XVIII) con la difusión del conocimiento que conllevó la invención de la imprenta, atrajo a la seguridad de las logias a artistas, filósofos, hombres de ciencia, literatos, militares y nobles que apreciaban su espíritu de tolerancia y evadían las persecuciones inherentes a las guerras religiosas. Con el correr del tiempo, esos miembros aceptados formaron mayoría.
El 24 de junio de 1717, cuando se celebraba el día del solsticio de verano, en el hemisferio norte, el día más largo del año, de mayor luz, cuatro logias londinenses de masones formaron una Gran Logia, la primera agrupación masónica del mundo y madre de todas las demás. Actualmente se llama la Gran Logia Unidad de Inglaterra.

La nueva Masonería de Inglaterra dejó de ser operativa, porque no trabajaba directamente en la construcción y pasó a ser simbólica, ya que se ocupaba de la formación espiritual del hombre. De Inglaterra se extendió por el continente europeo y, después, por todo el mundo.

USO DEL SIMBOLISMO

El simbolismo de la Masonería Moderna consiste en que los masones representan, simultáneamente, al obrero y al material que éste trabaja.
Se habla de la construcción del templo de la Humanidad con las piedras que simbólicamente son los masones. Ellos llegan a la logia como una piedra bruta y el trabajo perseverante consiste en desbastar sus aristas y pulirla para crear, si es posible, una piedra cúbica cada vez mejor y más perfecta. Este trabajo simbólico se efectúa en tres etapas o grados como Aprendiz, Compañero y Maestro masón.

El sistema educativo utiliza, como elementos simbólicos, las herramientas y materiales de albañilería que usaban los antiguos constructores, los que son de comprensión universal. La escuadra es, por ejemplo, símbolo de rectitud.

EL POR QUÉ DEL SIMBOLISMO

La Francmasonería, por la vía del simbolismo, ofrece enseñanzas de moral y conocimiento a través de un proceso progresivo de grados en el que cada vez se incorporan mayores ideas en materias éticas, humanistas y filosóficas, crecientemente complejas. Los miembros asumen con frecuencia desafíos que les estimulan y les llenan de mucha satisfacción personal.

El ordenado sistema de trabajo en las logias y la realización de ceremonias, que usualmente son seguidos por reuniones de sana convivencia fraternal, absorbe a sus miembros y genera entre ellos una amistad desinteresada y recíproca, estimula el trabajo en equipo, desarrolla el carácter y ofrece el placer de las experiencias compartidas.

La Francmasonería no es una religión ni aspira a mostrar un camino de salvación. Sin embargo, alienta a sus miembros a buscar el origen y finalidad de sus existencias para hacerlas más dignas de la sociedad y anima a los que son creyentes a ser honestos partícipes de sus particulares doctrinas.
La Francmasonería no es una organización política, carece de agenda en esa materia y no patrocina discusiones sobre política contingente en sus reuniones de trabajo. Su compromiso es la perfección del hombre como vía para lograr lo mismo con la sociedad.

INFLUENCIA DE LA MASONERÍA EN LA SOCIEDAD

Grandes hombres de la historia de la Patria han pertenecido a las logias masónicas. Desde luego, Bolívar, Miranda, Andrés Bello, Simón Rodríguez y Sucre.
Han pertenecido, también, los Presidentes de la República José Antonio Páez, José María Vargas, Carlos Soublette, José Tadeo Monagas, José Gregorio Monagas, Julián Castro, Manuel Felipe Tovar, Juan Crisóstomo Falcón, Antonio Guzmán Blanco, Francisco Linares Alcántara, Joaquín Crespo, Juan Pablo Rojas Paúl, Raimundo Andueza Palacio, Ignacio Andrade, Raúl Leoni.

En el Panteón Nacional figuran ilustres personalidades de la política, las ciencias, el derecho, la educación y la vida militar que dan prestancia y dignidad a ese lugar de la gratitud nacional. De 141 próceres, 38 son masones: Alvarado, Andueza Palacio, Aranda, Arismendi, Avendaño, Bello (cenotafio), Bermúdez, Andrés Eloy Blanco, Blanco Fombona, José Félix Blanco, Bolívar, Brión, Bruzual, Conde, Lino de Clemente, Echeandía, Falcón, Guzmán Blanco, Antonio Leocadio Guzmán, Lander, Linares Alcántara, Mariño, Miranda (cenotafio), José Gregorio y José Tadeo Monagas, Monzón, O´Leary, Páez, Pérez Bonalde, Piñango, Razetti, Simón Rodríguez, Sanabria, José Laurencio Silva, Soublette, Sucre (cenotafio), Urbaneja y José María Vargas. Está pendiente, desde 1875, la repatriación, desde París, de los restos del Presidente (1860-1861) Manuel Felipe Tovar, el primer Mandatario elegido por voto directo.

De los 30 hombres más influyentes en la historia de Venezuela, a juicio de los principales académicos y estudiosos venezolanos, 10 son masones: Bello, Andrés Eloy Blanco, Bolívar, Guzmán Blanco, Antonio Leocadio Guzmán, Humboldt, Miranda, Páez, Simón Rodríguez y Sucre (El Universal, 31.7.98). Junto a todos ellos están artistas como Teófilo Leal y Juan Lovera, educadores como Jesús Enrique Lossada y Luis Beltrán Prieto, escritores como Vallenilla Lanz, Rufino Blanco Fombona y Mario Briceño Perozzo, historiadores como Rafael María Baralt y Caracciolo Parra Pérez, hombres públicos como Luis Felipe Llovera Páez, humanistas como Rafael Villavicencio, empresarios como Manuel de Lima y Carlos y Evaristo Soublette, juristas como Rafael Naranjo Osty y Nicomedes Zuloaga Tovar, músicos como Eduardo Calcaño, Pedro Elías Gutiérrez, Juan José Landaeta, Vicente Salias y Ramón de la Plaza, periodistas como Juan Vicente González y altos dirigentes políticos, sindicales, gremiales y de organizaciones no gubernamentales que han contribuido y contribuyen al desarrollo y progreso de la vida nacional.

Para la Masonería el trabajo es un deber y un derecho del ser humano y lo exige a sus adeptos como contribución indispensable al mejoramiento de la colectividad. Defiende los principios de libertad, igualdad y fraternidad y combate la explotación del hombre por el hombre.
La Masonería sostiene que es posible alcanzar la paz entre los hombres y entre las naciones evitando la violencia y utilizando el diálogo y la razón. Los masones deben contribuir a lograr la paz asumiendo un compromiso inteligente y ético.

La acción de la Masonería se refleja en numerosas obras de bien público, cuya creación u organización ha sido inspirada por miembros de la Orden Masónica, y en numerosas leyes como la abolición de la esclavitud; Himno Nacional y símbolos patrios; votación directa; matrimonio civil; cementerios laicos; educación pública, gratuita y obligatoria; separación de la Iglesia del Estado; libertad de cultos, voto femenino y muchas otras de carácter cultural y en apoyo del bienestar y la defensa del patrimonio y la soberanía nacionales.

Con esta sencilla información, deseamos motivarle para reflexionar sobre la Masonería como una de las instituciones de más alto contenido espiritual

HISTORIA DE LA MASONERÍA VENEZOLANA
Edgar Perramón Q.


La historia de Venezuela está estrechamente ligada a la historia misma de la Masonería. Desde antes de la Independencia, la Masonería viene jugando un papel importante en la libertad y progreso del país. Los orígenes de la Masonería Venezolana se encuentran, casi simultáneamente, en La Guaira, en 1797, con la llegada de cuatro masones españoles, de tendencia liberal, que incorporan a varios venezolanos a la actividad masónica, y en Londres, en 1798, con el establecimiento de la Gran Reunión Americana, fundada por el Precursor Francisco de Miranda, a través de la cual --y de las Logias Lautarinas que fueron sus sucursales--, muchos venezolanos se incorporaron a la actividad masónica. Más tarde, entre 1811 y 1818, nacen las primeras Logias en Cumaná, Carúpano y Angostura -- que más tarde, en 1846, se llamó Ciudad Bolívar-- y donde se encuentran las primeras actividades concertadas en torno a los principios libertarios y humanistas de la Masonería. Sin embargo, avanzan los estudios respecto de que las primeras Logias habrían funcionado en la Isla Margarita desde 1807, sin que hasta la fecha se haya podido confirmar la valiosa documentación disponible. Desde entonces, la Masonería Venezolana juega un papel de primera importancia en la vida nacional, marcada por una lucha continua por las ideas emancipadoras, por un esfuerzo sostenido en pro de la independencia y por sostener el régimen republicano, permanentemente amenazado.

1.- Los grandes inspiradores. Los grandes inspiradores y actores de la emancipación venezolana fueron masones: Bolívar, Miranda, Bello, Simón Rodríguez y Sucre y todos los que, luego, participan en la dirección de la Venezuela republicana son, también, miembros de la Masonería: Páez, Vargas, Soublete, José Tadeo y José Gregorio Monagas, Julián Castro, Manuel Felipe Tovar y Tovar, Falcón, Guzmán Blanco, Linares Alcántara, Crespo, Andueza Palacio e Ignacio Andrade. De 15 Presidentes que tuvo Venezuela en el siglo pasado, 13 pertenecieron a la Masonería. Las dictaduras que durante el presente siglo afectaron gravemente a Venezuela, ejercieron una constante perturbación de la Masonería, lo que explica que en el presente siglo solo figura un Presidente de la República como miembro de la Institución, el ilustre y notable venezolano, Raúl Leoni Otero.

2.- Presión y penetración indebidas. El autoritarismo político, las cúpulas políticas acomodaticias y el personalismo exacerbado habían encontrado un severo escollo en la Masonería. Sus principios, eminentemente éticos y solidarios, resultaban incómodos a quienes manejaban sin pulcritud la cosa pública y a quienes, en un clima de escaso rigor moral, dañaban gravemente los principios democráticos. La presión y la indebida penetración ejercida, a comienzos de siglo y durante muchas décadas, en contra de la Masonería y, desde luego, en contra de sus hombres más distinguidos, terminaron por replegar la actividad masónica. La Institución tampoco supo mantener la vigilancia necesaria. Los renovados y persistentes esfuerzos de este tiempo han permitido vigorizar el pensamiento y la acción masónica para responder no sólo a las exigencias espirituales de sus miembros, sino a las necesidades de una sociedad que ha visto decrecer sus valores. Hoy sólo cabe avanzar con plena libertad, para el ejercicio plural de todas las creencias, y para que la justicia social impida una economía.
individualista que ya margina a gran parte de la sociedad.

3.- Masones en el Panteón Nacional. Como testimonio de la entrega masónica a la vida nacional, los restos de 37 masones se encuentran hoy en el Panteón Nacional, el templo en el cual el país ha querido inmortalizar a sus más importantes servidores: Lisandro Alvarado, Raimundo Andueza Palacio, Francisco Aranda, Juan Bautista Arismendi, Francisco de Paula Avendaño, Andrés Bello (cenotafio), José Francisco Bermúdez, Andrés Eloy Blanco, Rufino Blanco Fombona, José Félix Blanco, Simón Bolívar, Luis Brión, Manuel Ezequiel Bruzual, Juan José Conde, Lino de Clemente, Manuel María Echeandía, Juan Crisóstomo Falcón, Antonio Leocadio Guzmán, Tomás Lander, Francisco Linares Alcántara, Mariño, Francisco de Miranda (cenotafio), José Gregorio y José Tadeo Monagas, Juan de Dios Monzón, Daniel Florencio O'Leary, José Antonio Páez, Juan Antonio Pérez Bonalde, Judas Tadeo Piñango, Luis Razetti, Simón Rodríguez, José Tomás Sanabria, José Laurencio Silva, Carlos Soublette, Antonio José de Sucre (cenotafio), Diego Bautista Urbaneja y José María Vargas. Faltan que se cumplan los decretos Presidenciales de 1875 y 1899 de repatriar y trasladar al Panteón Nacional a los Presidentes de Venezuela Manuel Felipe Tovar y Tovar y Antonio Guzmán Blanco, cuyos restos se encuentran en los cementerios de Epinay y Passy de París, respectivamente, y quienes fueron grandes servidores de Venezuela y distinguidos miembros de la Masonería. La Masonería Venezolana trabaja actualmente en un programa de sostenido perfeccionamiento ético y espiritual de sus miembros y en un cuidadoso crecimiento que le permita enfrentar con éxito la incertidumbre y los desafíos del Siglo XXI.

4.- La Gran Logia de Venezuela. La Masonería Venezolana fue fundada el 24 de junio de 1824. Dos meses antes, el 21 de abril, en presencia del Comisionado Especial, Joseph Cerneau, calificado joyero e intelectual francés, de 61 años, se dieron los primeros pasos de la instalación, en Caracas, de uno de los centros masónicos más importantes de ese tiempo. Su primer Gran Maestro fue uno de los fundadores de la República, el distinguido abogado, de 42 años, Diego Bautista Urbaneja Sturdy. Hijo de Barcelona, pertenecía a una de las familias de más antigua y respetable figuración en el oriente del país. Como Vice-Presidente de la República, Presidente de la Corte Suprema de Justicia, Ministro o comisionado de Bolívar, el Gran Maestro Urbaneja siempre fue considerado como "probo, leal, patriota, siempre modelo de civismo". Como Grandes Dignatarios de la Gran Logia figura, junto al Gran Maestro Urbaneja, un grupo esclarecido de la legión civil del ciclo libertario de Venezuela: José Cordero, Manuel López de Umérez, José R. Martín, Andrés Narvarte, José María Pelgrón, Fernando Peñaver y José María Lovera. Desde entonces, a la Gran Logia le correspondió coordinar, en 1824, a las 18 Logias bajo su dependencia, no sólo como organizaciones valerosas, sino de reflexión y fomento de los ideales humanitarios que estimulaban el pensamiento de avanzada. No hay que olvidar que en los trece años de sacrificios que costó la independencia venezolana hasta 1823, se había perdido el 30% de su población. Todavía en 1829 había brotes realistas. Cuando en 1830 Venezuela se separa de la Gran Colombia, la Gran Logia cayó en sueño a consecuencia de los compromisos contraídos por sus miembros con la estructuración de la naciente vida republicana. Hasta que el 9 de septiembre de 1838, bajo el mismo Gran Maestro Urbaneja. La Gran Logia acuerda reactivarse y proseguir su obra bienhechora, la que cumple, sin otra interrupción, hasta la fecha. Los masones jugaron un papel decisivo en la gesta emancipadora y en el desarrollo republicano del país. Ahora una nueva y vigorosa generación está empeñada en la defensa de los valores morales quebrantados y en el desarrollo de nuevas tareas culturales y espirituales que permitan, junto a su perfeccionamiento personal, una sociedad más justa, tolerante y solidaria, que garantice el trabajo, la educación, la salud y la dignidad del hombre, sin gestos de conmiseración, bajo el imperio de la democracia. Entre 1824 y 1998, la Gran Logia ha tenido 60 Grandes Maestros en 67 períodos constitucionales y sus 126 Logias se han extendido a través de todo el país como centros creados para servir y complementar al hombre y trabajar por el advenimiento de una sociedad más justa y solidaria en los años que vienen. La Gran Logia de Venezuela celebra cuatro asambleas anuales, una reunión anual de Venerables Maestros (presidentes de cada Logia) y una reunión anual en cada una de las 7 zonas geográficas en que ha dividido administrativamente su jurisdicción. La Gran Logia de Venezuela pertenece a la Confederación Masónica Interamericana (CMI) y a la Confederación Masónica Bolivariana (Bolivia, Colombia, Ecuador, Panamá, Perú y Venezuela) y tiene relaciones y representantes en todas las Grandes Logias del mundo.